24 de jun. (Dow Jones) – Los desgarradores altibajos vistos en los mercados financieros a principios de año ayudaron a invocar el espectro de una nueva recesión. Ahora, las señales de advertencia están proviniendo sobre todo de la economía misma de Estados Unidos.

La contratación se está desacelerando, las ventas de automóviles se están deslizando y la inversión empresarial está cayendo. Las fábricas de Estados Unidos siguen estando débiles y las ganancias corporativas están bajo presión. Todos son signos clásicos de una recesión económica, y los analistas lo han notado sin duda alguna.

En una encuesta de Dow Jones realizada este mes, los economistas estimaron la probabilidad de una recesión a partir del próximo año en 21%, frente apenas 10% el año anterior. Algunos economistas piensan que el riesgo es aún mayor.

Determinar si esto resulta ser el precursor de una recesión u otra falsa alarma podría tomará varios años. El crecimiento económico irregular durante la expansión de siete años ha producido varios de esos sustos que pasaron. Pero muchos indicadores apuntan a una buena posibilidad de que haya una recesión que comenzará en los próximos 18 meses.

"Como todo el mundo, también puedo ver nubarrones en el horizonte", dijo Robert Hall, un economista de Stanford University. Sin embargo, agregó, "Nadie es muy bueno en hacer predicciones. Por eso ni siquiera lo intento".

Hall es presidente del comité de National Bureau of Economic Research que --eventualmente—determinará la fecha de inicio de la próxima recesión. "Actuamos para el libro de historia y no intentamos para nada participar en discusiones en tiempo real sobre la economía", dijo.

Mientras que la economía aún sigue sumando puestos de trabajo, la reciente desaceleración registrada en las contrataciones ha atemorizado a algunos analistas. El crecimiento visto en las nóminas de mayo --únicamente 38 mil puestos de trabajo-- fue el mes más débil en las contrataciones, luego que los empleadores estadounidenses dejaron de eliminar puestos de trabajo en 2010. Michael Gapen, economista de Barclays, señaló que la contratación persistentemente limitada registrada desde 1960 en comparación con el promedio de recuperación, como se ha visto en los últimos meses, "con mucha frecuencia" fue seguida por una recesión en los próximos nueve a 18 meses.

Los indicios de los problemas van más allá del mercado de trabajo. Economistas de J.P. Morgan Chase han estado evaluando las probabilidades de que haya una recesión usando un modelo que se basa en una serie de indicadores económicos que van desde los índices de la confianza empresarial hasta las ventas automotrices.

Hasta la semana pasada, el modelo marcó una probabilidad de 34% de que haya una recesión dentro de los próximos 12 meses. Eso fue un poco menor que 36% de principios de mes, pero mayor al 21% en enero. Aumentos similares precedieron a las últimas tres recesiones.

Las ganancias trimestrales de las empresas estadounidenses han estado disminuyendo año a año desde finales del año pasado, con base en el Departamento de Comercio. La continua contracción de los balances generales es una de las razones por las que Joshua Shapiro, economista en jefe de la consultora MFR  de Estados Unidos, estima las probabilidades de que haya una recesión en el próximo año a 50%.

"La continua disminución de la rentabilidad y los márgenes de ganancias es probable que afecten el gasto del mercado de trabajo y de consumo, y que conduzcan a una agresiva reducción en los costos, que es lo único que mantiene a flote la economía", dijo. Su pronóstico supone una recesión en la segunda mitad de 2017, pero "sin duda eso podría suceder antes", dijo.

El sector manufacturero sigue siendo una fuente especial de debilidad. La producción industrial en general, con base en el seguimiento que realiza la Reserva Federal, ha disminuido año a año en los últimos nueve meses. Gran parte de la debilidad puede atribuirse a los efectos de los bajos precios del petróleo y a un dólar fuerte, vientos en contra que pueden comenzar a desvanecerse en los próximos meses.

Pero Jason Schenker, presidente de Prestige Economics, señaló que desde 1919, la producción industrial nunca ha caído durante tanto tiempo sin que haya una recesión que la acompañe.

No hay un indicio a toda prueba de que se avecina una recesión. Los desfases de los datos y las revisiones significan que las crisis pueden ser difíciles de identificar incluso después de que éstas comienzan.  El aumento de la preocupación no siempre se refleja hacia el exterior.

Las probabilidades de una recesión se dispararon hasta un 33% en septiembre de 2011, de acuerdo con el seguimiento de la encuesta realizada por Dow Jones entre analistas privados. Pero la economía resultó más o menos ilesa en un periodo de contrataciones más débil, de confrontación política y turbulencia en los mercados financieros.

Se puede argumentar que es probable que también se mantenga la expansión en esta ocasión.

La creación de empleo puede perder fuerza cuando se tensa el mercado laboral, y la caída registrada en mayo en las contrataciones podría resultar ser un valor atípico. Otros indicadores del mercado de trabajo, como las solicitudes de desempleo, aún se mantienen en niveles saludables.

El gasto del consumidor ha estado aumentando a un ritmo sólido después de la desaceleración invernal, con el apoyo de un crecimiento más fuerte en los salarios.

Janet Yellen, la presidenta de Fed, citó la semana pasada la recuperación en el gasto de los hogares como un "factor clave" que es subyacente en las expectativas del banco central en relación al continuo crecimiento económico. De hecho, el crecimiento económico global está a punto de acelerarse en el actual trimestre actual, después de seis meses de datos deficientes.

Traducido por  Luis Felipe Cedillo

Editado por Michelle del Campo

                                                                                    

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Fecha de publicación: 24/06/2016