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Videgaray, Guajardo viajarán a EUA para iniciar nueva relación bilateral

La incertidumbre sobre el futuro de la relación comercial entre México y Estados Unidos parece estar cerca de terminar, o al menos empezar a aclararse luego del anuncio de que dos altos funcionarios del gobierno de México y miembros del equipo del futuro presidente de esa nación, Donald J. Trump, tendrán a mediados de la próxima semana su primer encuentro oficial.    

       Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo, los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía, respectivamente, visitarán Washington, DC, la capital de Estados Unidos, para entablar una reunión de alto nivel con funcionarios del gobierno de Trump, los días 25 y 26 de enero.

     Los temas que discutirán ambos equipos serán los incluidos en la llamada agenda bilateral, pero estarán principalmente enfocados en seguridad, migración y comercio, tres de los tópicos más importantes entre ambos países.

     Estos temas son la columna vertebral de la relación entre ambos países, dijo la Secretaría de Relaciones Exteriores, en un comunicado.

     Desde que Trump fue candidato dijo que buscaría limitar la migración ilegal entre ambas naciones con la construcción de un muro, debido a que consideraba que algunos de quienes cruzaban la frontera desde México eran delincuentes o vendedores de drogas.

     Además, y quizá aún más importante, el empresario de bienes raíces convertido en político y con 70 años, prometió que buscaría renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado por Canadá, Estados Unidos y México, en busca de obtener mejores condiciones para las empresas de su país.

     Incluso, Trump ha reiterado que si no obtiene lo que busca de esa negociación estaría dispuesto a cancelar el acuerdo comercial.

     Hasta ahora, lo único que se sabía de las futuras negociaciones del TLCAN es que funcionarios canadienses, que pidieron no ser identificados, dijeron al periódico The Globe and Mail que recibieron una notificación extraoficial de que el gobierno de Trump buscaría renegociar con Canadá aspectos relacionados con  reglas de origen y con los mecanismos de solución de controversias judiciales.

     La negociación del acuerdo de libre comercio es crucial para México, debido a que casi 80% de las exportaciones manufactureras del país tienen como destino el vecino del norte, de ahí que el establecimiento de las nuevas reglas comerciales entre ambas naciones podría eliminar mucha de la incertidumbre e incluso del pesimismo que se percibe sobre la economía mexicana.

     Por parte de Estados Unidos participarán en las reuniones Reince Priebus, el próximo jefe de gabinete de Trump; Jared Kushner, el asesor senior de la presidencia y yerno del futuro presidente; Stephen Bannon, el asesor senior de la presidencia; Gary Cohn, el director del Consejo Nacional de Economía; Peter Navarro, el director del Consejo Nacional de Comercio, y Michael Flynn, el Consejero de Seguridad Nacional.

     Dentro del nerviosismo generado en México tras la victoria de Trump, por sus posturas proteccionistas y anti-trabajadores inmigrantes, la figura de Videgaray pinta para ser el hombre clave para que los puntos de vista mexicanos sean escuchados por la nueva administración estadounidense.

     El propio presidente Enrique Peña Nieto dijo, cuando anunció el regreso de Videgaray, ex secretario de Hacienda, al gabinete como canciller, que sería el responsable de trazar las relaciones con el país vecino del norte.

     El ex secretario de Hacienda fue uno de los principales arquitectos de la controvertida visita de Trump a México, cuando el republicano todavía era candidato presidencial y en un momento donde las encuestas lo ubicaban con una baja popularidad.

     El encuentro con Peña Nieto, se supo más tarde, se logró gracias a un amigo en común que acercó al entonces titular de Hacienda con Kushner, esposo de Ivanka Trump, una de las dos hijas del futuro presidente estadounidense.

Kushner fue el que tuvo la idea de que su suegro viajara a México para que durante ese viaje pudiera suavizar su retórica contra los trabajadores ilegales en Estados Unidos y al mismo tiempo presentarse como un hombre capaz de sostener conversaciones con jefes de Estado, o en otras palabras, mostrarse presidenciable al electorado estadounidense.

     Si bien en su visita a México Trump  no suavizó su postura en materia migratoria, para muchos sí consiguió revitalizar su campaña y a la postre derrotar sorpresivamente a la demócrata Hillary Clinton.

     Claro que conforme pasan los días y el equipo de Trump comienza a dar sus puntos de vista, es cada vez más claro que el gobierno de Estados Unidos puede estar más dispuesto a negociar de lo que dice públicamente ganador de la contienda electoral a través de sus mensajes en redes sociales.

     Durante los últimos dos días, Wilbur Ross y Steven Mnuchin, los candidatos de Trump para ocupar los cargos de secretarios del Comercio y del Tesoro, respectivamente, dijeron ante senadores de su país que ciertamente una de las prioridades del próximo gobierno estadounidense es la renegociación del TLCAN, pero para que las partes cuenten con un mejor pacto comercial --no sólo Estados Unidos.

     A pesar de los temores de que Estados Unidos pueda afectar de manera sensible a la economía de México, las posturas de ambos candidatos a ocupar dos de los puestos más trascendentales en el gobierno de Trump, han mostrado que quizá la negociación podría no ser tan dura como se pudiera temer.

     “Estoy optimista en que podamos renegociar un acuerdo que sea ventajoso para ambos, para Estados Unidos y para México”, dijo Mnuchin en su comparecencia ante el Senado tras responder cuestionamientos de los legisladores durante su comparecencia para su confirmación en el cargo. “Que sea un acuerdo de ganar-ganar para ambos países”.

     El gobierno de México no reveló si buscarán un encuentro con el presidente electo, que toma posesión oficial del cargo mañana.

     De hecho, el gobierno mexicano dijo que podría reunirse con otros funcionarios, con la condición que estos ya ocupen formalmente sus puestos.

     “Los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía también sostendrán reuniones con miembros del gabinete del presidente Donald J. Trump, siempre y cuando hayan sido para entonces confirmados por parte del Senado de los Estados Unidos”, agregó SRE, en su comunicado.



Mnuchin, candidato Tesoro EUA, suaviza postura Trump frente TLCAN

Steve Mnuchin, el candidato de Donald J. Trump para convertirse en el próximo secretario del Tesoro, dijo en su comparecencia ante el Senado que coincide con el futuro presidente de Estados Unidos sobre la necesidad de implementar políticas que, por un lado, protejan a los trabajadores de su país, y, por otro, reduzcan la excesiva regulación empresarial.

     Sin embargo, durante la ronda de preguntas y respuestas con senadores, el futuro titular del Tesoro, matizó su postura el afirmar que Trump no está en contra del libre comercio y que, por el contrario, quiere impulsar las exportaciones de Estados Unidos con el resto del mundo, al mismo tiempo que tampoco dejará de comprar productos del exterior.

     “El presidente electo de Estados Unidos está interesado en el libre comercio”, dijo Mnuchin a los congresistas que le cuestionaban distintos temas antes de darle o no su aprobación para asumir el cargo. “Esto no se trata de limitar las importaciones, se trata de aumentar las exportaciones lo más que podamos”.

     Con estos dichos, Mnuchin parece desmentir de alguna forma a quienes piensan que el futuro presidente de Estados Unidos podría implementar medidas proteccionistas radicales que acabarían incluso con afectar a la propia economía de su país.

     Una de las formas que el equipo de Trump quiere conseguir un mayor impulso para su sector exportador es a través de una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, o TLCAN, que su país firmó con México y Canadá en 1993.

     Para el futuro presidente, el TLCAN es uno de los “peores acuerdos que el país haya firmado”, por lo que debe cambiar para ser más justo con las empresas estadounidenses.

     Por ello, desde que fue candidato, Trump dijo que tiene como una de sus prioridades renegociar el TLCAN para obtener mayores beneficios para su país o de lo contrario podría cancelarlo, lo que para muchos fue visto como negativo para México por la dependencia de sus ventas a Estados Unidos. Cerca de 80% de las exportaciones de México tienen como destino el país vecino del norte.

     Cierto que Mnuchin, en su comparecencia, tal como hizo un día antes Wilbur Ross, el candidato a convertirse en secretario de Comercio, confirmó que esta renegociación es una de las prioridades de la próxima administración estadounidense, pero también dijo que confía en que se podrá alcanzar un acuerdo que sea igualmente favorable para ambos países.

     “Estoy optimista en que podamos renegociar un acuerdo que sea ventajoso para ambos, para Estados Unidos y para México”, dijo Mnuchin. “Que sea un acuerdo ganar-ganar para ambos países”.

     Incluso dijo que la propuesta de imponer un arancel de 35% a las importaciones es algo que debe estudiarse y que no es algo que esté claramente definido aún.

     “Nunca he escuchado al presidente electo hablar sobre un impuesto de 35% a las importaciones. Lo he escuchado decir que, específicamente, pondría impuestos a aquellas empresas que muden empleos”, dijo el ex banquero, en su comparecencia. “Eso es algo que debe estudiarse. No creo que sea un plan que vaya a traducirse en acción”.

     Sobre la excesiva fortaleza del dólar, algo que Trump ha criticado porque considera que pone en dificultades a las empresas estadounidenses porque encarece sus productos en comparación con otras economías, el próximo secretario del Tesoro dijo que los comentarios del futuro presidente no reflejan una visión de largo plazo sino la coyuntura de corto plazo actual.

     “Ahora, más que nunca, la moneda está muy fuerte porque gente del todo el mundo quiere invertir en ella”, dijo Mnuchin. “Es resultado del libre mercado y el que la gente quiera invertir aquí ha tenido impactos negativos en nuestra habilidad de comerciar. . .es un reflejo de un ambiente más atractivo para invertir en Estados Unidos que en el mundo”.

     Al inicio de su presentación, el futuro secretario del Tesoro dijo que el futuro gobierno de Estados Unidos, que arranca oficialmente este viernes 20 de enero, quiere “revivir las políticas que pongan al trabajador americano primero”.

     En ese sentido, dejó en claro que está alineado totalmente con la política económica que esbozó Trump durante su campaña de utilizar el sistema arancelario e impositivo para defender los empleos en Estados Unidos, pero que a la vez muchos temen que regresen a la economía más grande del mundo a una era proteccionista no vista desde la década de los treinta del siglo XX.

     “Voy a proteger estas políticas comerciales que mantienen y protegen los empleos estadounidenses”, agregó Mnuchin en sus primeras declaraciones durante su comparecencia.

     Mnuchin, como Trump, también dijo que buscaría reducir la regulación para hacer más fácil el establecimiento de negocios en Estados Unidos, de tal suerte que las empresas no tengan que salir del país y generen con ello desempleo.

     “Trabajaremos de forma diligente para limitar las regulaciones, reducir los impuestos a los americanos que trabajan duro y a los pequeños negocios, y lograremos que el motor del crecimiento económico arranque nuevamente con todos sus cilindros”, agregó.

     Frente a las críticas que han surgido desde que Trump lo postuló por el rol que jugó como financiero durante la crisis hipotecaria de Estados Unidos de 2008, Mnuchin, quien durante 17 años fue ejecutivo de Goldman Sachs y posteriormente formó un fondo de inversiones de riesgo, Dune Capital Management, y rescató el banco hipotecario IndyMac, defendió su desempeño profesional al decir que no violó la ley en ninguna de sus actividades profesionales ni tampoco lastimó a personas que enfrentaron problemas financieros por la crisis hipotecaria.

 

     


Las automotrices que podrían ser los próximos blancos de Trump

El intento de Donald Trump por restringir el libre comercio en la industria automotriz comenzó con una advertencia vía Twitter dirigida a las tres grandes de Detroit sobre la construcción de fábricas al sur de la frontera.

Después siguió con sus amenazas a empresas automotrices alemanas, específicamente a BMW, que tiene avanzada la construcción de una planta en San Luis Potosí, México, la cual tiene previsto producir 150 mil autos anuales.

"General Motors envía el modelo Chevy Cruze hecho en México a concesionarias de Estados Unidos libres de impuestos. ¡Fabriquen en Estados Unidos o paguen un gran impuesto fronterizo!", escribió Donald J. Trump en su cuenta de Twitter.

Pero ahora que el republicano electo presidente se dispone a tomar posesión mañana --y cumplir su promesa de imponer un arancel de 35% a las importaciones de vehículos-- aún le quedan considerables blancos automotrices para dirigir su ira en internet.

Cargue los cañones verbales de 140 caracteres: los siguientes podrían ser los próximos objetivos de Trump.

 

Culpe a Canadá

El corazón de la industria automotriz estadounidense podrá estar en Detroit, pero buena parte de su fortaleza se encuentra al otro lado del río, en Windsor, Ontario. Ahí es donde casi seis mil empleados de Fiat-Chrysler arman la camioneta de carga (pickup) Ram y la minivan Pacifica de Chrysler.

En conjunto, las plantas de montaje de Ontario tienen unos 27 mil empleados, entre ellos cinco mil 600 arman los vehículos deportivos-utilitarios (SUVs, por sus siglas en inglés) Chevrolet y el deportivo Camaro en dos plantas de General Motors. También hay unos siete mil empleados en dos instalaciones de Toyota que arman los crossovers Lexus RX, los sedanes Corolla y la SUV Rav4.

Eso significa casi un empleado de montaje por cada cinco en Estados Unidos, de acuerdo con datos laborales de las empresas y de Alliance of Automobile Manufacturers.

Por lo que respecta a los vehículos, la brecha comercial de Estados Unidos con Canadá es en realidad mayor que la que tiene con México: 28 mil 600 millones de dólares en los primeros 11 meses de 2016, contra 18 mil 300 millones de dólares en la frontera sur.

 

Bits y autopartes

Sin embargo, un automóvil en sí mismo es producto de una extensa cadena de suministro. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) liberó más que nada el movimiento de las partes. Los sistemas de frenos antibloqueo de Toluca, México, y las transmisiones de Guelph, Ontario, podrían reunirse en San Antonio para ser convertidos en una Toyota Tacoma, o un Accord que salga rodando de la planta masiva de Honda en Marysville, Ohio.

Cada autoparte de un vehículo norteamericano --ya sea producido en Canadá, México o Estados Unidos-- puede haber cruzado las fronteras hasta ocho veces, de acuerdo con un análisis reciente de Center for Automotive Research.

Por supuesto, los nombres de proveedores como Robert Bosch y Linamar Corp. no tienen tanto peso en una diatriba de Twitter como Ford o GM, pero si Trump está pasando largas noches en su hotel Mar-a-Lago examinando las hojas de cálculo de la Comisión Federal de Comercio, no le gustará lo que ve (los representantes de Trump no regresaron las peticiones de comentarios).

La balanza comercial de Estados Unidos con México en relación a las autopartes es aproximadamente un tercio mayor que las de sus vehículos.

 

Viraje a Asia

Trump podría seguir los pasos de Ronald Reagan e ir tras Asia. En una lista de los autos más populares de Estados Unidos que no se fabrican en el país, ocho de los 10 primeros proceden de empresas con sede en Japón. El Forester de Subaru encabeza la lista, seguido de Rogue de Nissan.

Tan sólo en vehículos, la brecha comercial de Estados Unidos con Japón es casi dos veces mayor que la que tiene con México. Corea del Sur, donde tienen su sede Hyundai y Kia, también envían ---y no reciben-- un flujo constante de autos a Estados Unidos.

Un arancel de 35% en los vehículos importados tendría un efecto paralizante en las tres regiones y haría que la industria automotriz estadounidense se pareciera mucho al mercado actual de las camionetas chicas de carga, que ha enfrentado un arancel de importación de 25% desde principios de la década de los sesenta. Por lo que respecta a las camionetas más grandes, los consumidores estadounidenses tienen menos opciones que en el caso de los sedanes.

Ese impuesto ha llevado a algunas compañías automotrices extranjeras a construir plantas en Estados Unidos. Toyota fabrica los Tacoma en Texas, por ejemplo, mientras que las Titan de Nissan salen de Canton, Missouri, y Honda arma su Ridgeline en Lincoln, Alabama.

Pero algunas de las marcas más destacadas de la industria, entre ellos Hyundai y Volkswagen, se mantienen por completo al margen de ese segmento. Mercedes incorporará una camioneta de carga a su línea de productos este año pero, irónicamente, no planea venderla en Estados Unidos.

En definitiva, si Estados Unidos abolieran el TLC se generarían unos 22 mil nuevos empleos en el país, dijo Center for Automotive Research. Sin embargo, la mala noticia es que el país también perdería 37 mil empleos, ya que los precios de los vehículos subirían mientras que declinarían las opciones y la demanda.

“Es una estimación muy conservadora”, dijo Kristin Dziczek, directora de Industry, Labor & Economics Group del Center for Automotive Research. “No conozco a mucha gente que pueda darse el lujo de comprar un vehículo que sea fabricado 100% en Estados Unidos”.

Traducido por  Luis Felipe Cedillo

Editado por Michelle del Campo               

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La leyenda de los primeros 100 días en la presidencia de EUA

¿Qué depararán los primeros cien días de Donald Trump como presidente: sorpresas, logros, catástrofes? ¿Un periodo de preparación gradual, pero constante?

La historia no puede permitir predecir el futuro, sólo nos ofrece una serie de posibilidades para el presidente número 45 de Estados Unidos. Para Trump, esa gama es más amplia que la de costumbre porque él asume su cargo sin antecedente político alguno, neófito y sin experiencia.

Los primeros “cien días” como un período distintivo de la presidencia se utilizó por primera vez para describir la sesión especial del Congreso convocada por Franklin D. Roosevelt (FDR) en marzo de 1933.

Este periodo estableció el formato del acto de apertura de una administración activista: un presidente y su aliados (realmente subordinados) del Congreso que aprueban un programa audaz para hacer frente a una crisis. El presidente, si no el programa, es entonces consagrado en el mito.

La crisis de Roosevelt fue la Gran Depresión, que había estado afectando al país durante tres años y medio. El desempleo superaba 20% y el sistema bancario se había colapsado. En su discurso inaugural, Roosevelt dijo: “Esta nación exige actuar al respecto, pero actuar ahora mismo”.

Entre el 9 de marzo y el 17 de junio, Roosevelt aprobó un paquete heterogéneo de iniciativas. El Departamento de Agricultura pagaría a los agricultores por no cultivar. Civilian Conservation Corps le pagaría a la gente por plantar árboles. Federal Emergency Relief Administration fue diseñada para supervisar programas de asistencia social, Tennessee Valley Authority para construir presas y suministrar electricidad en una parte rezagada del país. National Industrial Recovery Act (la Ley Nacional de Recuperación Industrial) le dio al presidente amplios poderes para regular la economía.

Estas leyes fueron aprobadas por un Congreso con mayorías demócratas tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. También hubo mayorías ideológicas, ya que los demócratas conservadores del sur propensos a rechazar una reforma radical fueron contrarrestados por los progresistas republicanos occidentales que estaban ansiosos por avanzar.

Una característica crucial del programa de Roosevelt fue el aura del mito que lo rodeó. La presidencia, le había dicho a un reportero durante su campaña, “es algo más que un trabajo de ingeniería. . . es un lugar preeminente de liderazgo moral”. La retórica de Roosevelt cumplió ese mandato. Él fue tanto un patricio como un populista, devoto sin ser sectario, urgente sin comprometerlo jamás en demasiados detalles.

Su mirada y su voz hicieron el resto. Su sonrisa de la mañana resplandecía en las fotografías y los noticiarios, y se dirigió al país en transmisiones de radio que duraban de 15 a 30 minutos, en las charlas al lado de la chimenea. Sam Rosenman, su redactor de discursos, describió el tono de las pláticas de Roosevelt como “una conversación informal con uno o dos de sus amigos”.

Roosevelt realizó tres de esas transmisiones durante la primavera y el verano de 1933, diciendo a los estadounidenses “lo que se ha hecho en los últimos días, por qué se hizo y cuáles serán los próximos pasos”. En su tercera charla, del 24 de julio, él bautizó al intenso periodo legislativo que acababa de terminar como “los múltiples eventos de los primeros cien días”.

Con el paso de los años, los mitos creados por Roosevelt se verían reforzados por las letras de admiración y los historiadores de la corte, desde Archibald MacLeish hasta Arthur Schlesinger Jr. Pero su principal mito fue él mismo.

El periodo inicial no es el único modelo para comenzar una administración. La mayoría de los presidentes antes de FDR se pasaron sus primeros cien días percatándose de cómo sería su trabajo, ninguno más que George Washington en 1789.

Washington bien podía consultar la nueva Constitución para buscar las especificaciones legales de su nuevo cargo. Pero una constitución no es un ejemplo de la vida real.

¿Debe un presidente estrechar las manos de los que asisten a las recepciones? ¿Debe buscar consejo del Senado sobre los tratados acudiendo al mismo y solicitarlo? Nadie tenía la menor idea. Washington tenía que responder a esas preguntas día con día.

Algunos desafortunados presidentes han sido tan bombardeados por el desastre que difícilmente tuvieron tiempo para pensar o planificar algo, y mucho menos empezar su trabajo sin contratiempos. Siete estados se separaron de la incipiente nación entre la elección de Abraham Lincoln y su toma de posesión; cuatro más lo hicieron durante sus primeros cien días.

Una mañana nublada de abril de 1861, mientras esperaba desesperadamente la llegada de tropas leales a una capital rodeada por secesionistas, se quejó: «No creo que haya Norte».

Pero el ejemplo de FDR inspiró a sus sucesores, principalmente a los demócratas con la esperanza de unirse a él en el panteón liberal (y al círculo de los ganadores de las reelecciones logradas de manera rotunda).

Bill Clinton no enfrentó una verdadera crisis en 1993. Su predecesor, George H.W. Bush, había presidido una recesión que ya comenzaba a superarse antes de la toma de posesión de Clinton.

Pero Clinton tenía ambiciones y una importante mayoría demócrata en el Congreso y recurrió al mito al tomar un autobús para llegar a su toma de posesión desde Monticello (el autobús había sido su vehículo distintivo de campaña, y Jefferson era su primer apellido). Sus colegas de la generación que nacieron a finales de la Segunda Guerra Mundial en la prensa lo calificaron de transformador generacional.

Cinco días después de tomar posesión, hizo el intento de alcanzar la grandeza al anunciar la formación de un grupo de trabajo que se enfocaría a la reforma integral de los servicios médicos, presidido por Ira Magaziner y Hillary Clinton. “Estoy convencido de que, en los próximos meses, el pueblo estadounidense se percatará --como hizo la gente de Arkansas-- de la maravillosa primera dama que tienen”.

En 2009, Barack Obama realmente enfrentó tiempos difíciles --la crisis del sistema financiero. El Congreso y su predecesor, George W. Bush, temiendo una segunda depresión, ya habían aprobado un plan de rescate bancario y crediticio de 700 mil millones de dólares el año anterior. Obama, al disfrutar tener mayorías demócratas en el Congreso tan grandes como las de Clinton, aumentó el rescate con un proyecto de ley de estímulo de 787 mil millones de dólares en febrero. En abril y mayo (para extender un poco el periodo de cien días), Chrysler y General Motors se declararon en quiebra, dando pie al rescate automotriz de julio.

A diferencia de FDR y Clinton, Obama también tomó dramáticas medias de política exterior. “No me opongo a todas las guerras”, había declarado en 2002, sólo “a las guerras que no tienen sentido”, con lo que se refería a la guerra en Irak.

Comenzó a retirar las tropas estadounidenses en febrero y anunció que no se detendría. “Permítame decirlo tan claramente como pueda: para el 31 de agosto de 2010, nuestra misión de combate en Irak habrá terminado”.

Los presidentes republicanos han tendido a evitar la dramatización de los primeros cien días, asumiendo con calma el insigne cargo. George H.W. Bush en 1989 fue motivado a ir lento por su temperamento, la política y el momento. Durante su campaña, había prometido una “nación más amable y gentil”. Las mayorías demócratas en ambas cámaras del Congreso le impusieron precaución, si no es que amabilidad.

Además, los trastornos globales más allá de su control lo obligaron a desempeñar un papel de espectador. Durante sus primeros cien días, el gobierno comunista de Polonia legalizó Solidaridad, y los estudiantes chinos comenzaron a protestar en la Plaza de Tiananmen. El movimiento de liberación de China se ahogaría en sangre, pero Europa del Este derrocaría a una media docena de sátrapas soviéticos y el Muro de Berlín cayó antes de que terminara 1989.

Entre los republicanos recientes, sólo Ronald Reagan en 1981, reflejando tal vez su admiración juvenil por Franklin Roosevelt, adoptó el modelo del demócrata. Reagan enfrentó una doble crisis: el estancamiento aunado a la inflación en casa y el avance del comunismo en el extranjero, desde Afganistán hasta África. Utilizó sus primeros cien días para centrarse en la economía, proponiendo reducir las tasas impositivas y la tasa de crecimiento del presupuesto.

Por lo tanto, los primeros cien días no predicen necesariamente el resto de la presidencia.

¿Entonces, qué significrá esto para los primeros días de Donald Trump en el poder?

Él enfrentará una serie de crisis, más incipiente que la de Reagan o de Obama, pero al fin molesta. La economía se ha recuperado lentamente desde 2008, y los estadounidenses no están contentos con ella. Los malos actores vagan por el mundo, desde líderes lunáticos (en Corea del Norte) y rivales de mucho tiempo atrás (Rusia, China) hasta los violentos combatientes musulmanes de la Guerra Santa.

Traducido por  Luis Felipe Cedillo

Editado por Michelle del Campo

                                                                                    

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Border tax de Trump puede fortalecer al dólar, tener efecto contrario

¿Es la guerra fiscal la nueva guerra monetaria?

La amenaza del presidente electo Donald Trump de imponer un impuesto fronterizo “importante” a los fabricantes estadounidenses que elaboran productos en el extranjero para venderlos en Estados Unidos podría motivar la próxima racha alcista del dólar después de las elecciones, de acuerdo con algunos analistas.

En su primera conferencia de prensa después de las elecciones, Trump intesificó su propuesta de imponer políticas destinadas a impulsar la producción de bienes y servicios de Estados Unidos mediante sanciones a las importaciones.

“Se les aplicará un elevado impuesto fronterizo a las compañías que están dejando el país y que se están saliendo con la suya”, dijo Trump la semana pasada, sin dar más detalles. “Hay muchos lugares a dónde pueden mudarse”, agregó. “Mientras que permanezcan en Estados Unidos”.

Su pronunciamiento de la semana pasada, le siguió a un tweet del 3 de enero en el que el republicano fustigó a General Motors por su planta automotriz de México, canalizando así el movimiento político de “fabricar dónde vendemos”.

General Motors está enviando el modelo mexicano Chevy Cruze a los concesionarios automotrices de Estados Unidos sin pagar impuestos a través de la frontera. ¡Haganlo en EUA o paguen un gran impuesto en la frontera!, escribió Donald J. Trump en su cuenta Twitter.

El impacto de cualquier política fiscal fronteriza, cuya implementación probablemente requeriría la aprobación del Congreso y que podría estar prohibida por las reglas de la Organización Mundial del Comercio, podría ser importante para el dólar --y para los mercados emergentes en particular.

Los esfuerzos impulsados por las políticas tendientes a mejorar la posición comercial neta de Estados Unidos, ya sea mediante un aumento en los aranceles o un impuesto de ajuste en las fronteras, podrían desencadenar una apreciación feroz del dólar, lo que haría más severas las condiciones financieras en todo el mundo.

La devaluación fiscal --el intento de aumentar la competitividad mediante cambios en el sistema tributario-- podría elevar las previsiones para el dólar este año, que ha tenido un avance post-electoral ante las expectativas de mayores tasas de interés y estímulo fiscal.

“Creemos que el mercado cambiario está demasiado optimista sobre la posibilidad de que el ajuste fronterizo sea incluido en un paquete [fiscal] final", escribieron los estrategas de Morgan Stanley encabezados por Todd Castagno, en un informe reciente.

El dólar cayó mientras que la demanda de los bonos del Tesoro estadounidenses subió a raíz de la tumultuosa conferencia de prensa de Trump. Sin embargo, el Bloomberg Dollar Spot Index, que rastrea el comportamiento de la moneda frente a 10 de sus similares, permanece 4.9% más arriba desde la elección.

En términos sencillos, la política fiscal fronteriza es un impuesto corporativo basado en el destino que impulsa a los exportadores, al tiempo que no permite deducciones por las importaciones, lo que representaría un duro golpe para los minoristas y los fabricantes de automóviles en particular, dado el elevado componente de importación de sus cadenas de suministro.

Los modelos económicos tradicionales sugieren que los tipos de cambio se ajustarán plenamente ante las modificaciones de la competitividad externa. En otras palabras, la consiguiente fortaleza del dólar elevaría el costo de las exportaciones de Estados Unidos para los extranjeros y reduciría los costos de importación de Estados Unidos por un margen correspondiente, compensando la sanción impositiva de los importadores. Esto significa que el efecto neto sobre la balanza comercial sería neutral.

Sin embargo, dado que las monedas rara vez, o nunca, están en niveles considerados como “valor nominal” en términos de paridad del poder adquisitivo, no hay garantía de que este choque inducido por la política fiscal en los términos de del comercio sería compensado rápida o totalmente por los cambios registrados en el mercado de divisas.

Morgan Stanley prevé un menor aumento del dólar en el caso de un impuesto de ajuste fronterizo de 20%, en lugar de una apreciación única del dólar de 25%, como lo sugiere la teoría de los libros de texto.

“Creemos que es razonable un aumento de 10 a 15% en dólares”, escribió Castagno y su equipo. “Incluso si no obtenemos una compensación total del tipo de cambio, la política seguirá teniendo un gran impacto en la competitividad de Estados Unidos y, por lo tanto, en el dólar”.

En otras palabras, sus proyecciones sugieren que Trump puede tener éxito al dar a los exportadores un impulso competitivo, ya que es improbable que el dólar se ajuste lo suficientemente rápido como para absorber el cambio tributario. Esta opinión es compartida por Mark McCormick de TD Securities, quien predice que el dólar puede avanzar 10%.

“Es improbable que los tipos de cambio se ajusten con suficiente rapidez como para internalizar el cambio tributario”, escribió el analista el 6 de enero. “En otras palabras, es probable que un impuesto de ajuste fronterizo impulse al dólar pero el cambio neto (fortaleza del dólar y el subsidio a las exportaciones) probablemente seguirá favoreciendo a los exportadores y a la producción estadounidense”.

Las repercusiones en el mercado de impuestos se sentirían en todo el mundo.

“En resumen, si bien los efectos fiscales sobre el dólar podrían ser sustanciales en sí mismos, la implicación de los cambios en los fundamentos del comercio podrían ser realmente un acuerdo ‘enorme’”, escribió Martin Enlund, jefe de estrategia cambiaria de Nordea Markets, asintiendo a una expresión común que es favorecida por el presidente electo de Estados Unidos.

Un nuevo aumento en el valor ponderado del dólar afectaría más a los mercados emergentes, que ya están lidiando con el fuerte aumento de los costos de los servicio en dólares en términos de moneda local, condiciones de liquidez más estrictas y presión sobre la paridad de las divisas.

“Los ajustes de la tasa de cambio nunca son tan fáciles como lo supone la teoría, y los cisnes grises abundan”, añadió, aludiendo a los eventos que sólo se pueden anticipar en cierta medida. Después de todo, los tipos de cambio son impulsados por una serie de fuerzas, incluyendo los flujos de capital, las tasas de interés, las políticas de la Reserva Federal y las políticas comerciales globales, mientras que la dinámica monetaria en el proteccionismo estadounidense es única.

“Los mayores aranceles podrían tener un impacto similar: es probable que los activos estadounidenses se beneficien de la fuga de activos a la seguridad o un vuelo a la oferta de a la calidad de cara a un choque provocado por el estancamiento y la inflación global”, concluyeron los economistas de Bank of America liderados por Ethan Harris en un informe de octubre.

Traducido por  Luis Felipe Cedillo

Editado por Michelle del Campo      

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México extradita a Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán a EUA

México anunció que extraditó al narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera a Estados Unidos luego que las autoridades judiciales le negaron el amparo contra la solicitud de envío a Estados Unidos que presentó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para que enfrente diversos cargos en aquel país. 

     Tras esa decisión y la aprobación de la solicitud de extradición del poder judicial, la dependencia puso a disposición de la Procuraduría General de la República (PGR) a Guzmán Loera para su traslado.

     Así, “el gobierno de la república el día de hoy entregó a Guzmán Loera a las autoridades de Estados Unidos de América”, dijo SRE en un comunicado.

La dependencia agregó que “El Chapo”, quien logró escapar en dos ocasiones de prisiones de máxima seguridad del país, una en Guadalajara en 2001 y la otra en el Estado de México en 2015, fue entregado a las autoridades estadounidenses con total respeto a sus derechos humanos.

El subprocurador jurídico de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, Alberto Elías Beltrán, dijo que  la extradición de “El Chapo” no fue una decisión súbita, ya que al término de su proceso judicial en  Estados Unidos, tendrá que regresar a México a enfrentar las acusaciones correspondientes.

“Nosotros no podemos intervenir en las determinaciones del Poder Judicial, hoy fue resuelto y nosotros, en términos del tratado internacional, teníamos que hacer la entrega inmediata de la persona solicitada por el gobierno de los Estados Unidos", dijo el funcionario en conferencia de prensa.

“Estamos en pleno cumplimiento en términos del tratado bilateral. Cuando termine de cumplir su sentencia con el gobierno de los Estados Unidos regresará a México a continuar con sus procedimientos”, agregó Elías Beltrán.

La extradición del narcotraficante tuvo lugar un día antes de la toma de posesión del presidente electo Donald J. Trump por lo que algunos analistas interpretaron el envío de Guzmán Loera a Estados Unidos como un gesto de buena voluntad del gobierno de México, aunque también como una señal de lo amplio que es la relación bilateral y de las ventajas que tiene para ambos gobiernos colaborar para tener una buena relación.

Trump, durante su campaña, presentó una actitud de animadversión contra México al plantear construir un muro en la frontera, además de que buscará renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Esto ha causado preocupación en el gobierno mexicano y nerviosismo en los mercados financieros. La extradición del líder del Cartel de Sinaloa parece indicar que al menos por parte de México existe voluntad para intentar tener una buena relación con la nueva administración estadounidense. 

Tras su tercera detención, que ocurrió en la ciudad de Los Mochis, en Sinaloa en enero del año pasado, Guzmán Loera regresó al penal de El Altiplano, en el Estado de México, desde donde se fugó a través de un túnel de 1.5 kilómetros de longitud y que contaba con luz y rieles sobre los que estaba montada una motocicleta para su pronto traslado.

Esa fuga fue embarazosa para el presidente Enrique Peña Nieto, quien había asegurado que era prácticamente imposible que “El Chapo” volviera a escapar como hizo en un carro de lavandería del penal de Guadalajara.

El líder del llamado Cartel del Sinaloa, sin embargo, abandonó el penal de El Altiplano en mayo del año pasado cuando fue trasladado a otra cárcel de máxima seguridad en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, donde se ubicaba hasta su extradición el día de hoy.

Desde su reaprehensión en enero del año pasado, la cancillería había iniciado los trámites para su extradición a Estados Unidos a fin de reducir al máximo la posibilidad de una tercera fuga.

Sin embargo, “El Chapo”, a través de sus abogados, tramitó dos recursos de amparo en mayo de 2016, mismos que le fueron negados por la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el día de ayer.

El narcotraficante fue uno de los delincuentes más buscados en México y Estados Unidos por el tráfico, la venta y exportación de marihuana y cocaína, principalmente a Estados Unidos.

 Actualmente, Guzmán Loera enfrenta seis procesos judiciales en las cortes de los estados de California, Texas, Arizona y Nueva York, así como en ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, por diversos delitos como son los de asociación delictuosa, importación y posesión de cocaína, delincuencia organizada, delitos contra la salud y un cargo de homicidio, con el que podría alcanzar la pena de muerte si es encontrado culpable en el estado de Texas.

El departamento de Justicia de Estados Unidos dijo que el proceso judicial que enfrenta Guzmán Lera  en una Corte  de Nueva York será el primero en desahogarse.

Guzmán Loera fue entregado por las autoridades mexicanas a las estadounidenses en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York.

“El Departamento de Justicia extiende su agradecimiento al Gobierno de México por su amplia cooperación y asistencia en la obtención de la extradición de Guzmán Loera a los Estados Unidos”, dijo la dependencia norteamericana en un comunicado.

El Departamento de Justicia agregó que en las próximas horas dará los detalles sobre la hora y el lugar de la presentación de Guzmán Loera ante la Corte.


 

 

 

 




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